viernes, agosto 14, 2026

Polvo, Sol y Derrota: El Amargo Regreso de los Dorados a la LMB

by Lalo B
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Por: Agapito

La realidad es fría y contundente en el béisbol: los Dorados de Chihuahua ocupan el último lugar de la Zona Norte con una marca de 27 victorias y 45 derrotas, un registro que sepulta las ilusiones veraniegas de una de las aficiones más apasionadas de México. El regreso de la novena de la división del norte a la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) prometía revivir viejas glorias, encender la pasión en el Estadio Monumental y devolverle a la capital del estado grande el estatus profesional que por años se le negó.

 

Sin embargo, el calendario no perdona y la recta final de la Temporada 2026 ha desnudado las carencias de un proyecto que nació con altas expectativas pero que hoy deambula sin rumbo fijo en el sótano norteño.

 

Para una plaza con tanta tradición adosada a la pelota caliente, mirar la tabla general y ver un porcentaje de efectividad tan bajo es un golpe directo al orgullo chihuahuense. No se trata únicamente de perder juegos; el dolor radica en la forma.

 

La novena ha mostrado ráfagas de combatividad, pero la falta de consistencia en el cuerpo de lanzadores y los bates apagados en los momentos de alta tensión —conocidos popularmente como las entradas fatídicas— han sido una constante a lo largo de este año. Los Dorados no caminan, arrastran los pies en un desierto de dudas donde las soluciones desde el dugout parecen no llegar.

 

Competir en el circuito norteño de la LMB siempre se ha equiparado a ingresar a una auténtica fosa de lobos. Organizaciones con estructuras financieras sólidas, plantillas plagadas de peloteros ex-ligamayoristas y proyectos de largo recorrido imponen un ritmo que no permite curvas de aprendizaje lentas.

 

Los Dorados pagaron el infame derecho de piso. Mientras novenas rivales ajustaron sus piezas sobre la marcha de manera quirúrgica, la gerencia capitalina sufrió para consolidar una rotación abridora confiable y un bullpen capaz de sostener ventajas mínimas.

 

Cada serie perdida en la carretera se convirtió en un clavo más en el ataúd de la postemporada. El bache actual no es un accidente geográfico en el calendario; es el resultado directo de giras complicadas en las que el equipo regresaba a casa con las manos vacías y la moral por los suelos.

 

En el béisbol moderno, la mística y la historia no ganan juegos. Se necesitan brazos dominantes en las últimas entradas y un bateo oportuno con corredores en posición de anotar, dos asignaturas en las que los Dorados salieron reprobados constantemente a lo largo del verano.

¿Qué sigue para Chihuahua cuando el panorama luce tan adverso? El panorama inmediato obliga a jugar por el honor, a evaluar con cabeza fría qué peloteros realmente sudan la casaca con miras al futuro y qué piezas deben ser cambiadas sin miramientos para la próxima campaña.

 

 

La directiva tiene la colosal tarea de replantear la estructura deportiva desde sus cimientos. Mantener una franquicia en el máximo circuito veraniego demanda inversiones inteligentes, visorías precisas en el mercado extranjero y un desarrollo local que nutra el roster en momentos de crisis por lesiones.

 

El único punto luminoso en medio de esta penumbra sigue siendo su gente. A pesar de los tragos amargos y las derrotas acumuladas, la afición de Chihuahua ha demostrado estar a la altura de un circuito profesional.

 

Sin embargo, la paciencia del fanático tiene un límite bien definido por los resultados. El béisbol en el estado es religión, y a los santos se les exige milagros o, por lo menos, entrega absoluta en el diamante. Quedar relegados tan temprano en la competencia es una llamada de atención ensordecedora para todos los involucrados en el club.

 

La Temporada 2026 entrará en los libros de historia local como el año del duro choque con la realidad de la pelota profesional. Los números fríos de 27-45 no mienten ni admiten romanticismos. Si los Dorados de Chihuahua quieren volver a ser respetados y temidos en el panorama nacional, deben entender que el éxito en la LMB no se construye con el eco de glorias pasadas, sino con la planeación implacable del presente. La temporada está prácticamente definida en lo deportivo, pero el camino hacia la redención y la planeación del 2027 debe comenzar hoy mismo, antes de que el último out caiga y las luces del estadio se apaguen por completo.

 

 

 

 

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