domingo, julio 19, 2026

Entre la ilusión y la realidad mundialista

by Lalo B
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Las calles volvieron a llenarse de banderas, cláxones y gritos. Desde Ciudad Juárez hasta Mérida, miles de personas salieron a festejar el triunfo de México sobre Corea del Sur y el pase asegurado a la segunda ronda del Mundial. Bastó el silbatazo final para que plazas, avenidas y glorietas se transformaran en una sola celebración nacional.

Lo curioso es que la euforia parece mucho más grande que el futbol mostrado por el equipo. México ganó, sí, pero lo hizo sin deslumbrar. Ha sido una selección ordenada, disciplinada y efectiva en momentos puntuales, aunque lejos de transmitir la sensación de ser una potencia capaz de competir con los gigantes del torneo. Viendo su desempeño hasta ahora, el famoso cuarto partido sigue pareciendo una frontera difícil de cruzar.

Sin embargo, los festejos no hablan únicamente de futbol. Hablan también de un país que necesita motivos para encontrarse consigo mismo. Durante unas horas desaparecen las diferencias políticas, los problemas económicos, la violencia o las preocupaciones cotidianas. La camiseta verde se convierte en un punto de coincidencia para millones de personas que rara vez celebran juntas algo.

Quizá por eso el triunfo fue recibido con tanta intensidad. No se celebró únicamente un gol de Luis Romo o una atajada del Tala Rangel. Se celebró la posibilidad de compartir una alegría colectiva en tiempos donde abundan las divisiones. Octavio Paz escribió alguna vez que la fiesta era uno de los pocos momentos en que los mexicanos rompían su soledad. Las imágenes de esta semana parecen darle la razón.

México sigue vivo en el Mundial. Nadie sabe hasta dónde llegará. Tal vez el camino termine pronto o quizá aparezca una sorpresa. Porque si algo enseña el futbol, y especialmente los Mundiales, es que la lógica no siempre gana los partidos.

Cortesia..El  Diario

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