Por: Eduardo Bueno Gorena
El montículo de las Grandes Ligas no es un lugar para cualquiera. Es un escenario implacable que devora prospectos y desnuda debilidades en cuestión de pitcheos. Sin embargo, cuando el gigante zurdo de Ciudad Juárez, Samuel «Samy» Natera Jr., toma la pelota y se para en lo más alto de la loma de los disparos, el tiempo parece detenerse para dar paso a un espectáculo de pura frialdad, control y dominio absoluto.
El novel serpentinero mexicano de Los Angeles Angels está firmando una temporada de debut sencillamente inolvidable. Su reciente actuación en blanco frente a los Houston Astros no hace más que revalidar lo que ya es una realidad indiscutible: Natera se ha consolidado como el candado estelar en el bullpen del manejador Kurt Suzuki.
Nacido en el seno de la frontera juarense, este coloso de 1.95 metros de estatura ha sabido transitar un camino de constancia y paciencia que hoy rinde sus frutos en el mejor béisbol del mundo. Tras ser elegido en la ronda 17 del draft de 2022 egresado de la Universidad Estatal de Nuevo México, su meteórico ascenso por las sucursales menores y una brillante vitrina en el Clásico Mundial de Béisbol adelantaban el nacimiento de un brazo de élite. Debutó apenas en junio del presente año, y desde aquel primer relevo perfecto en el místico Dodger Stadium, el mexicano no ha hecho más que congelar las ofensivas rivales a base de rectas sólidas que tocan las 97 millas por hora combinadas con un slider devastador que cae directo al suelo.
El ex serpentinero de la Liga Villahermosa y de Taqueria Paly Lo espectacular de su presente no radica únicamente en las formas, sino en la brutal contundencia de sus números. La noche de este martes, Samy Natera volvió a emerger desde el bullpen angelino para hacerse cargo de un momento crítico en el juego. El chihuahuense enfrentó a la pesada artillería de Houston, tolerando apenas un pasaporte y despachando a dos enemigos por la vía del ponche en una entrada y un tercio de labor impecable. Con este relevo, el zurdo de la frontera ligó su novena aparición consecutiva sin permitir carrera limpia, acumulando una impresionante seguidilla de 11 episodios al hilo colgando el cero en la pizarra para sus rivales.
Para dimensionar el impacto de su campaña, basta con mirar la efectividad total que presume en la Gran Carpa. En sus primeras 19 apariciones institucionales con la novena californiana, ostenta un microscópico porcentaje de carreras limpias admitidas (ERA) de 2.08. En un total de 21 entradas y dos tercios de labor monticular, ha recetado la friolera de 32 ponches, limitando a la oposición a un raquítico promedio de bateo en contra de .122 y manteniendo un dominante WHIP de 0.87. Ya sea asegurando ventajas en las entradas intermedias o sellando triunfos en el noveno capítulo —donde ya presume el primer salvamento de su trayectoria profesional—, el serpentinero de 26 años de edad ejecuta cada lanzamiento con la madurez de un veterano.
Más allá de la fría estadística, la presencia de Natera Jr. en las Mayores tiene una profunda carga identitaria y nostálgica. Cada vez que el espigado lanzador azteca ingresa al terreno de juego a ritmo del clásico tema «Aquel Amor» —himno entrañable de los Indios de Ciudad Juárez—, se evoca la historia viva de su tierra natal. Samuel es apenas el quinto pelotero originario del estado de Chihuahua, y el tercero nativo de la franja fronteriza de Juárez, que logra pisar un diamante de Grandes Ligas, rompiendo una sequía estatal de más de un cuarto de siglo sin representantes en dicho escenario. El «orgullo juarense» no es un eslogan publicitario; es una realidad que se defiende pitcheo a pitcheo, ponche a ponche, encima de la loma.
La consistencia y la sangre fría que exhibe en cada salida denotan que el gran momento de Samy Natera no es una racha pasajera, sino el reflejo de un brazo de calibre especial que ha llegado para quedarse por mucho tiempo en la élite del deporte rey. Los maderos enemigos seguirán desfilando e intentando descifrar sus indescifrables envíos, pero mientras el control y esa imponente presencia física sigan de su lado, el montículo de los Angels tendrá acento mexicano y sello de garantía juarense. El show de Samy apenas comienza, e ilusiona legítimamente a toda una nación beisbolera que sigue con fervor sus pasos en la Gran Carpa.